En 2021, Santiago Correa Echeverri pasó varios meses acompañando recorridos agronómicos en fincas bananeras del Urabá antioqueño. Llegaba con el agrónomo al lote, caminaba los bloques y escuchaba la misma explicación semana tras semana: el problema ya estaba avanzado cuando el equipo llegó a verlo.
No era falta de atención ni de conocimiento agronómico. Era falta de información antes de tiempo. Los drones ya estaban en algunas fincas — los usaban para mapeo topográfico, para delimitar lotes. Pero nadie los estaba usando para ver qué estaba pasando con las hojas.
La pregunta era técnica: ¿puede un sensor multiespectral a 100 metros de altura detectar sigatoka antes de que sea visible al ojo? La respuesta, después de los primeros vuelos y de cruzar los datos con inspección agronómica paralela, fue sí — con 4 a 6 días de anticipación.
Sioma se fundó ese mismo año en Medellín para hacer eso de forma sistemática.